La condena de las víctimas de violación sexual

Quien sufre una violación sexual, se llevará este horror para el resto de su vida en la memoria. Vivir este tipo de experiencia, deja secuelas que muchas veces suelen pasarse por alto.

No solo es la terrible experiencia que padece. La víctima suele ser re victimizada después de la violación, generalmente por el trato social y legal que se le da a estos casos.
Los largos procesos judiciales por los que debe pasar la víctima, harán que reviva nuevamente el horror vivido, detalle por detalle.

Por otro lado, frente a un hecho tan impactante, nuestro psiquismo intenta buscar respuestas que nos den una falsa sensación de control, es decir, no hace creer que si no hacemos determinadas cosas, a nosotros no nos ocurrirá. Por ello, se prefiere pensar por ejemplo, que la víctima provocó, que su escote era muy pronunciado, entre otras cosas. Así, tendré la falsa sensación que si no hago esas cosas, a mi no me ocurrirá. Pero esto es totalmente falso.

Después de una violación, quien lo sufre puede padecer síntoma de Trastorno por Estrés post-traumático”, se se observa en los siguientes síntomas:

  • Se re-experimenta el evento traumático:
    Puede re-experimentarse a partir de pesadillas, imágenes, pensamientos o percepciones del evento. La persona puede estar caminando por la calle y de repente tener imágenes de la situación traumática, o despertarse todas las noches con el mismo sueño sobre el acontecimiento angustiante. Otra manera de re-experimentar el evento es reaccionando exageradamente frente a cualquier estímulo que se parezca al acontecimiento angustiante, como tirarse al piso al escuchar el ruido de un caño de escape que se asemeja a los tiroteos vividos durante una guerra.
  • Evitación de situaciones relacionadas con el acontecimiento angustiante:
    Es común que las personas con este problema se esfuercen por evitar pensamientos, sentimientos o conversaciones sobre el evento traumático, o que esquiven situaciones o personas que les hagan recordarlo. Esta evitación puede llevar a que la persona directamente no recuerde aspectos importantes del evento (amnesia). También es frecuente que después del trauma, disminuya el interés por participar en actividades que antes se disfrutaban o que se alejen de los demás.
  • Síntomas de ansiedad:
    Las personas con Trastorno por Estrés Post-Traumático con frecuencia presentan irritabilidad, dificultades para concentrarse o para terminar las tareas empezadas, dificultades para dormir debido a las repetidas pesadillas sobre el evento y suelen estar en un estado de alerta exagerado que los lleva a reaccionar frente a cualquier situación que se parezca o simbolice un aspecto del evento (ej. mantener relaciones sexuales).
    Cómo también, síntomas de depresión.

Quien sufre una condena para toda su vida después de sufrir una violacion sexual, es la víctima. ¿Os parecen justas las penas legales que se aplican a los violadores?

 

¿Pensamientos positivos o negativos? ¿Qué crees que es mejor?

La clave para sentirme mejor no está ni en la fijación en el pensamiento positivo, ni en el anticiparme constantemente a que algo negativo va a ocurrir.

Mucha gente afirma que anticiparse negativamente le sirve para evitar decepciones y para estar preparado para cualquier dificultad que se le presente en la vida.
Otros, luchan contra cualquier pensamiento negativo, aferrándose a frases e ideas positivas aún en situaciones desfavorables.

Ni un extremo ni el otro.

El pensamiento positivo constante niega parte de lo que ocurre, y la parte de mí que genera el problema, tapa la falta, lo cual tengo que descubrir para solucionarlo y tomar las riendas de mi vida. Para ello, debo mirar hacia adentro. El autoconocimiento se vuelve una parte fundamental para generar mi crecimiento.

Los pensamientos negativos constantes pueden convertirse en un arma de auto boicot, una excusa para paralizarnos o castigarnos sin piedad.

No es la repetición de un patrón (pensar siempre positivo o pensar siempre negativo) lo que te va a servir para llevar mejor tu día a día.

Escuchar lo que sientes y preguntarte por qué sientes lo que sientes puede ser mucho más útil para ti.

Si tu lectura de la realidad siempre suele ser la misma, en ámbitos muy diferentes tiendes a hacer las mismas interpretaciones y casi siempre te pasa lo mismo, y además esto que te ocurre es negativo, puede ser habitual, que te anticipes siempre negativamente a los acontecimientos. Y lo peor, que te anticipes negativamente y que esto ocurra, y acabes corroborado tu teoría: que ya sabias lo que pasaría.

Pero te haré una pregunta:
¿Es posible que siempre te ocurra lo mismo, en ámbitos diferentes y en épocas diferentes sin que tú no tengas que ver con esto?

Si se repite lo que ocurre, es que tú sin darte cuenta tienes un papel muy activo en esto.
Pensar que esto sucede sin que tú hagas nada para que ocurra, puede llevarte a pensar que las cosas ocurren sin más y que pensar negativamente te sirve para prepararte para afrontarlo, o que pensar positivamente te ayudará a neutralizarlo.

Más que centrarte en pensar en positivo o negativo, busca la forma de cambiar tu realidad, cuáles son las cosas o decisiones que te llevan siempre al mismo lugar. Cuáles son las cosas que quieres en tu realidad, y dirígete a ellas.

Ni positivo, ni negativo: Céntrate en ser tú el creador activo de tu vida.

Actividades para hacer con niños con TDAH

El objetivo de estas actividades es que puedas disfrutar de actividades con tu hijo, mientras a su vez potencias capacidades en las que podría haber un déficit debido a dicho trastorno (TDAH).

Te haremos unas recomendaciones generales y luego propondremos algunas divertidas actividades que ayudarán a la concentración, resolución de problemas, memoria y control de la impulsividad, de tu pequeño.
RECOMENDACIONES
 Debes tener en cuenta la importancia de presentarle la actividad como algo novedoso y divertido y explicarle paso a paso el juego con mucha precisión. Cuando lo hagas, asegúrate de que lo haya comprendido antes de empezar.
Durante el transcurso de cada juego debes dejarle al niño moverse y hacer pequeños descansos.
Si el niño está muy exaltado, hazle parar un momento y durante unos segundos haz con él unas respiraciones profundas diciéndole que observe su barriga mientras respira, y que imagine que es un globo que se llena de aire y se deshincha.
BENEFICIOS DE LAS ACTIVIDADES PARA NIÑOS CON TDAH
Poder llevar a cabo estas actividades regularmente, además de los beneficios a nivel cognitivo, a nivel emocional, tiene los siguientes beneficios:
Favorece su sentimiento de seguridad: Favorece el vínculo entre tú y tu hijo, lo cual repercute en su sentimiento de seguridad
Favorece su autoestima: El sentirse diferente a otros niños, o el que constantemente se le marque que no debe hacer algunas cosas que hace, puede afectar su autoestima, por lo que compartir actividades donde siente tu aprobación y que puede llevarlas a cabo, fortalecerá su autoestima.
Evita la ansiedad en el vínculo: A veces puede generarte ansiedad el tener que relacionarte con tu hijo teniendo que estar todo el tiempo redirigiendo su conducta. Que puedas relacionarte con él regularmente mediante actividades divertidas en un ambiente lúdico, hará que te sientas más relajada/o en la relación y en consecuencia, tu hijo también lo estará.
ACTIVIDADES PARA REALIZAR CON NIÑOS TDAH
Juego creativo de memoria:
Crear con cartulinas de colores tarjetas con figuras. De cada tarjeta deben haber dos iguales. De una cara todas son iguales y de la otra serán diferentes. Es decir, todas las tarjetas pueden ser azules y si las giras tendrán una figura que debe repetirse dos veces. Ejemplo: Quedarán dos con círculos, dos con cuadrados, dos con triángulos, dos con flores, etc. Se mezclan y se colocan sobre la mesa boca abajo, sin que puedan verse las figuras.
Cada participante tendrá la oportunidad de girar dos tarjetas por turno, si son iguales, se las lleva, si no lo son, vuelve a girarlas y dejarlas en su lugar. A medida que avanza el juego los participantes tendrán más probabilidades de llevarse más cartas, si van recordando donde están las figuras que fueron dadas vuelta y vueltas a dejar en su lugar. Al final del juego quien más tarjetas tenga será el ganador.
Este juego favorece la atención, memoria, y control de la impulsividad.
Juego “Simón dice”:
Un jugador representará el papel de “Simon” y será quien dé las instrucciones a los otros jugadores como por ejemplo “hay que tocarse la oreja” o “hay que saltar en un pie y aplaudir”. Las instrucciones sólo deberán seguirse si la frase comienza por “Simon dice…”  (por ejemplo “Simon dice que hay que tocarse la oreja ”) si no comienzan con “Simon dice…” no hay que hacer lo que haya dicho.
En algunas instrucciones se omitirá decir “Simón dice”. Por ejemplo: “Saltar aplaudiendo”. Quien obedezca a dicha instrucción será eliminado del juego.
El jugador que asume el papel de “Simon” tiene que intentar eliminar a todos los jugadores lo antes posible. Será el ganador del juego quien consiga seguir todas las instrucciones correctamente.
Este juego favorece la atención, concentración y control de la impulsividad.
Puzzles en equipo:
Es importante que el número de piezas sea adecuada a la edad del niño y que vayas variando los puzzles teniendo en cuenta los gustos del mismo.
Esta tarea favorecerá su concentración y resolución de problemas.
Buscando nuestros objetos:
Buscar junto a tu hijo revistas que puedan recortarse. Elegir imágenes donde donde aparezcan la mayor cantidad de figuras posibles. Por ejemplo: una imagen de una ciudad. Uno de los participantes deberá elegir una figura, y el otro deberá encontrarla.
Este juego favorece la atención.
Estas son sólo algunas de muchas actividades que puedes llevar a cabo con tu pequeño.
Si deseas información sobre nuestro abordaje integral para niños con TDAH haz click aquí ( http://www.juliaachilli.com/tdah/ )
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¿Por qué cuesta tanto cambiar?

¿Te han funcionado todas las terapias que utilizaste para estar mejor?

Si deseas profundamente cambiar deberías tener en cuenta que te encontrarás con un muro a derrumbar.

Durante la infancia construimos la cárcel psicológica que gobernará y determinará nuestras vidas hasta que pasemos por el doloroso proceso de superar la adicción a permanecer en ella.

Sí, en verdad tú decides estar allí.

Deberás sufrir un intenso «síndrome de abstinencia» si quieres liberarte de tus limitaciones y ser quien quieras ser.

No es una tarea fácil cambiar. No es algo que deseemos tanto como creemos, pero solemos no ser conscientes de ello.

Esto es algo fácil de ver:

Intenta cambiar, disfruta unos instantes de este crecimiento, y verás cómo pronto se hace presente la tendencia a volver a tu estado anterior. Lo haces con pequeñas conductas aparentemente insignificantes, pero no deja de ser un auto boicot.

Pronto te ves en la misma situación, padecimiento y mundo en el que siempre viviste, juzgando la ineficacia de lo que en aquel momento te ayudó a cambiar.

Es común pensar: » Pensé que me había servido, pero no. Ahora estoy igual que antes. Yo SOY así.»

«Yo soy así»:el candado que refuerza el cierre de la puerta de tu cárcel..

Tú no eres así, tú eres mucho más que las limitaciones con las que aprendiste a vivir.

Es posible el cambio, entonces? Y cómo es que lo es?

Desde mi lugar de psicóloga podría decir que la psicoterapia es la única manera, pero no es la única. El método que escojas es lo de menos. Lo importante frente a este interrogante es saber que que requiere de mucha atención, sufrimiento, renuncia y tiempo.

Durante un tiempo deberás prestar gran atención a tus actos, a lo que haces o decides justo antes de caer en la situación que detestas.

Y deberás evitar hacerlo.

Sufrirás porque aquello que haces, necesitas hacerlo y deberás resistirte y soportar la angustia que esto te genera.

Sufrirás al renunciar a aquello a lo que te aferras.

Tendrás que sostenerlo en el tiempo. Será una lucha.

Un día despertarás y descubrirás que todo ha cambiado. Y algo más: que puedes seguir creciendo.

Habrá valido la pena:

Sé creador de tu vida.

Dirige tu existir.

Por: Julia Achilli, licenciada en psicología clínica y especialista en EMDR y colegiada en Barcelona.

 

 

Del juego infantil a la creatividad adulta – Sanarnos con nuestro niño interior

Es sabido que la creación artística estimula el desarrollo infantil, además de ser una actividad lúdica para él.

El juego en el niño es una actividad vital, condiciona un desarrollo armonioso tanto de la afectividad como del cuerpo y la inteligencia. Un niño que no juega es un niño enfermo.

Muchos psicólogos han trabajado sobre las implicaciones psicológicas del juego en el niño y sobre el papel fundamental que ocupa este en nuestra vida.

Para la teoría psicogenética, fundada por Jean Piaget, el juego es expresión y  condición del desarrollo del niño. A cada etapa evolutiva corresponde un tipo de juego. Este constituye un revelador de la evolución mental del niño.

Para la escuela psicoanalítica, los primeros juguetes reemplazan a la madre. En la primera etapa de vida el niño percibe que él y su madre son una sola entidad indisoluble. La noción de ser una entidad separada de su progenitora genera una gran pena en el pequeño, quien mediante el juego gestionará dicho conflicto.

La angustia frente a la desaparición de su madre, junto a la satisfacción ante su reaparición constituye en los bebés el punto de partida de numerosos desequilibrios y perturbaciones del desarrollo psíquico. Se explica así el juego de enseñar y ocultar, uno de los primeros juegos practicados por el niño, cargado ya de un simbolismo indudable, el del deseo y la prohibición.

A medida que el niño crece mediante el mismo adquirirá conciencia de su yo, se identificará con seres amados, etc.

Podríamos decir entonces que el niño al jugar, lo que hace va más allá de una simple actividad recreativa.

Una característica que se debe destacar es que el acto de jugar genera placer y los humanos no deseamos renunciar a ningún placer conocido. Por lo que cabe preguntarse cómo satisface el adulto este placer al que debe renunciar.

Al crear, el adulto , como regla general, experimentaría una sensación de satisfacción, observable también en el niño que juega.

Debo aclarar que considero que el arte de la creación, no se reduce al conocido poeta, creador increíbles y conocidas pinturas o al responsable de escalofriantes composiciones musicales. Creamos cada vez que nos valemos de nuestra sensibilidad e imaginación para concretar en la realidad externa palpable  algo que primero cobró vida en mi interior.

Por lo que está creando el que inventa una forma de ayudarte en terapia, quien compone los párrafos que te inspiraron, quien te tejió a pulso el jersey que llevas puesto.

¿Pero por qué crear alivia nuestro espíritu?

Frente a esta cuestión viene a mi mente el concepto de “sublimación” del psicoanalista Sigmund Freud. La sublimación es un mecanismo de defensa maduro de nuestro “yo” que consiste en canalizar fuerzas internas desde el territorio de los deseos a un terreno donde estos sean más viables o se consideren más aceptables. Deseos internos que no son compatibles con nuestra conciencia moral y valores de nuestra cultura, encuentran su satisfacción de manera aceptable para mi y mi cultura. En la creación artística estaríamos, justamente, sublimando.

Es decir, estas fuerzas internas, no se estancarían o nos enfermarían, sino que encontrarían un fin satisfactorio, lo cual podría dar algo de luz a este cuestionamiento.

Al respecto, los psicoanalistas de la escuela Kleiniana, afirman que con el arte se reparan los objetos internos destrozados.

Por lo expuesto anteriormente, resulta lícito preguntarse:

¿Por que no aliviar nuestro espíritu creando, conectando y dejando fluir fuerzas internas que buscan un fin satisfactorio?

¿Por qué no volver a los sabios recursos de los niños utilizando el arte y la creación como medio de expresión emocional, plasmando en mi creación lo que no puedo poner en palabras? ¿Por qué no volver a jugar?

Por: Julia Achilli, licenciada en psicología y colegiada en Barcelona.

El comportamiento pasivo-agresivo. ¿Cómo reconocer a personas con este comportamiento?

Puedes percibir su oposición frente a todo, lo que esto afecta sus vidas, pero si se lo expresas, son incapaces de reconocerse como responsables.

Muchas veces te encontrarás frente a personas que generan en ti una incómoda sensación, sentimos su hostilidad sin que sea directa, nos llevan a actuar según su voluntad, nos pesa su dependencia o luego de una conversación con ellas nos queda una sensación de malestar.

Tal vez te cuesta definir este comportamiento agresivo que presentan porque no deja de estar disfrazado la mayor parte del tiempo, pero suscita en ti una emocionalidad desagradable.

Si te pasa esto frente a alguien, quizás estés frente una persona con un comportamiento pasivo agresivo.

¿En qué consiste el comportamiento pasivo agresivo?

El comportamiento pasivo-agresivo es definido como la resistencia pasiva u obstruccionista a instrucciones autoritarias en situaciones interpersonales o laborales. Se puede manifestar como resentimiento, terquedad, o el fracaso intencionado en realizar las tareas requeridas.

Son personas con las que el simple hecho de entablar una conversación con ellas, puede convertirse en una “lucha” en donde no sabes por qué, ni en qué momento te viste atrapado.

Este comportamiento les genera un deterioro en las relaciones interpersonales, en el ámbito laboral o en áreas importantes de sus vidas.

El centro del conflicto se presenta frente a todo lo que representa la autoridad (padre, jefe, instituciones, cualquier orden establecido) es decir, cualquier situación, estado que se presente como límite.

Este funcionamiento se les convierte en un gran obstáculo a la hora de conseguir sus objetivos, pero depositarán la culpa en el afuera, exceptuándose, como hemos dicho, de cualquier responsabilidad.

¿Es fácil identificar que una persona tiene un comportamiento pasivo agresivo?

 Muchas veces puede que al principio no lo detectes. Pueden presentarse como agradables, obedientes y dulces y en el fondo sentir resentimiento, enfado y envidia. El déficit que suelen presentar en su sentimiento de autoestima puede llevarlos a protegerse constantemente y hacer grandes esfuerzos por ocultar sus miedos, fallos, dependencia y el simple hecho de ser humanos.

Por otro lado, desarrollan estrategias para mantener (al menos momentáneamente) una buena relación con los que le rodean pero sin ceder nunca el control. Ejemplo de esto puede ser cuando reciben una orden y recurren a cosas como posponer lo que les hayan pedido de hacer, hacerlo mal, retrasarlo, olvidar (siempre justificándose) y obstruyen los planes de los demás obteniendo así una mayor sensación de control.

Causas ¿De dónde viene este comportamiento?

Podrían existir causas biológicas y ambientales. Este comportamiento comienza a instalarse en la infancia y se ve favorecido por el estilo parental de estos sujetos y por las dinámicas familiares a las que estuvieron expuestos. Podría existir una correlación entre una educación y castigos muy severos o un padre autoritario con una madre permisiva en un contexto particular de crianza.

No deja de resultar significativo cómo estas personas se relacionan con el “límite”, lo cual nos remite inevitablemente a la relación con la función paterna (autoridad) y la función materna (nutricia y cuidadora). Pero no es el objetivo de este artículo profundizar en este vasto tema, aunque me resultó imprescindible referirme a él.

Por otro lado existen numerosas condiciones psicológicas que podrían generar este comportamiento, por ejemplo aparecer en el transcurso de algún otro trastorno de la personalidad.

Características de la persona pasiva agresiva

  • Culpar y juzgar a los demás
  • Ser desagradables o irritables
  • Ser olvidadizos e irrespetuosos con los demás
  • Realizar las tareas de manera insuficiente
  • Actuar de forma hostil o cínica
  • Actuar de manera obstinada
  • Culpar a los demás aunque sea su culpa
  • Quejarse de nos ser apreciado
  • Mostrar resentimiento y malhumor
  • Temer a la autoridad
  • Rechazar las sugerencias de otros
  • Ambigüedad
  • Olvidos y lapsus frecuentes
  • Tardanza crónica y olvido
  • No expresar hostilidad o enfado de forma abierta
  • Miedo a la competición
  • Miedo a la intimidad
  • Fomento del caos
  • Ineficiencia intencionada
  • Crear excusas y mentir
  • Obstruccionismo
  • Deja las cosas para más tarde (procrastinar)
  • Resentimiento
  • Se resiste a sugerencias de otros
  • Sarcasmo

El trastorno pasivo-agresivo de la personalidad

El comportamiento pasivo-agresivo puede presentarse desde una acción de manera puntal, como un comportamiento frecuente, hasta un patrón permanente y rígido de comportamiento.

En el extremo más inflexible de este comportamiento, encontramos lo que el DSM IV define como el Trastorno pasivo-agresivo de la personalidad

Los criterios diagnósticos para dicho trastorno son:

Patrón permanente de actitudes de oposición y respuestas pasivas ante las demandas que exigen un rendimiento adecuado, que se inicia a principios de la edad adulta y se refleja en una gran variedad de contextos, y que se caracteriza por cuatro (o más) de los siguientes síntomas:

Resistencia pasiva a rendir en la rutina social y en las tareas laborales

Quejas de incomprensión y de ser despreciado por los demás

Hostilidad y facilidad para discutir

Crítica y desprecio irracionales por la autoridad

Muestras de envidia y resentimiento hacia los compañeros aparentemente más afortunados que él

Quejas abiertas o exageradas por su mala suerte

Alternancia de amenazas hostiles y arrepentimiento

¿Cómo actuar frente a ellos?

Para saber cómo actuar frente a ellos, es importante repasar cómo funcionan psicológicamente:

El pasivo agresivo no mostrará abiertamente su hostilidad, tendrá un comportamiento manipulador, te culpará y despertará en ti una emocionalidad desagradable de la que no se hará cargo.

Debes saber que no es consciente de su comportamiento, acuden a consulta psicoterapéutica sólo por síntomas secundarios al trastorno, como ansiedad, depresión o problemas relacionales.

Es importante que mires con distancia que es parte de su funcionamiento, que permanezcas calmado y que no pongas tus expectativas en convencerles de su error, no desean verlo. En vez de juzgarlo o mostrarte como víctima, descríbele objetivamente su comportamiento de manera clara y asertiva.

No les ataques, dales un espacio para ser escuchados libremente, se sentirán más seguros, pero debes estar atento a no entrar en su juego.

Por: Julia Achilli, licenciada en psicología y colegiada en Barcelona.

La ansiedad y sus síntomas

Las bases biológicas de la ansiedad y como puede ser tratada (EMDR y Neurofeedback)

En términos generales, al hablar de ansiedad se debe considerar que ésta es algo bueno que nos permite mantenernos vivos y nos ayuda a preservar a nuestra especie. Tanto nuestros deseos como nuestras preferencias y objetivos no podrían cumplirse si no tuviésemos ni un mínimo de ansiedad; toleraríamos sin problemas las cosas más terribles (como no lograr nunca nada, no ser aceptado por los demás, ser perseguido o atacado peligrosamente, incluso ser víctima de un intento de asesinato) y no haríamos nada para hacerles frente o protegernos de ellas.

Evidentemente, hay muchos tipos y niveles de ansiedad y algunos de ellos son autodestructivos. Debemos entender a la ansiedad como un conjunto de sensaciones molestas y de tendencias a la acción que nos permiten darnos cuenta de que ocurren o pueden ocurrir hechos desagradables, y nos avisan de que tendríamos que hacer algo al respecto.

La ansiedad sana o inquietud por las cosas preservan la vida y conducen a buenos resultados; nos permite tener control de nuestras propias emociones y manejar situaciones difíciles o peligrosas de forma eficiente. En cambio la ansiedad malsana suele hacer lo contrario, nos hacer perder el control y por lo tanto, afrontar mal o incluso, desastrosamente los riesgos o problemas.

Bases biológicas del trastorno de pánico:

En un extremo de los altos niveles de ansiedad, encontramos los ataques de pánico. Quien lo padece, lo vive con gran angustia y desesperación, llegando a pensar durante el episodio que están por tener un ataque cardíaco o que van a morir.

Veamos el por qué de éstas reacciones físicas durante dichas crisis:

Todos los organismos, especialmente los mamíferos, incluidos los seres humanos, reaccionan rápidamente para sobrevivir cuando se sienten amenazados. Se produce una reacción compleja que moviliza todas las reservas y capacidades del organismo, llamada respuesta al estrés agudo, respuesta de alarma o respuesta de lucha-huída.

En el hombre primitivo esta capacidad de respuesta estaba al servicio de la defensa frente a las adversidades naturales, o frente al ataque de los animales y aún hoy, sigue siendo importante como sistema de protección. Si alguien se encuentra en medio de un incendio o de un naufragio, intentará rápidamente movilizar una gran cantidad de energía física para salvar su vida, evaluando la situación y determinando cómo escapar. Cuando perciba efectivamente la amenaza, más allá de su conciencia, se activarán automáticamente una serie de centros, especialmente su región hipotalámica. Esta es responsable de la regulación de las distintas funciones básicas, como la respiración, la circulación, la digestión, la actividad sexual y la metabólica, etc.

En cuanto se percibe una situación estresante o traumática, el cuerpo se moviliza para la acción. Una vez disparada la respuesta de alarma ocurre una cadena de eventos fisiológicos, y se activan diversas glándulas, como la hipófisis y la suprarrenal, a partir de la estimulación mediada por los neurotransmisores del hipotálamo. Una vez que la adrenalina es segregada y volcada al torrente sanguíneo por las glándulas suprarrenales, el corazón, los pulmones y los músculos se preparan para la emergencia. La adrenalina despierta al cuerpo y lo pone en alerta, preparándolo para la lucha o la huída, el corazón se acelera y late con más fuerza, por lo que se pueden sentir palpitaciones, la glucemia aumenta, las pupilas se dilatan, las glándulas sudoríparas se activan, la respiración se acelera, la boca se seca, los músculos se tensan y suelen producirse temblores, la sangre disminuye en el aparato digestivo y aumenta en los miembros y en la cabeza y pueden sentirse mareos, el ritmo respiratorio es más frecuente (hiperventilación) y a pesar de ello puede haber una sensación de falta de aire.

Es comprensible que toda esta reacción de alarma se active o produzca ante un suceso traumático o amenazante. Cuando ocurre sin motivo, o sea sin un estímulo exterior, espontáneamente, sin aviso previo, aunque el proceso generado sea benigno, tanto el cerebro como el resto del cuerpo entran en pánico y se confunden.

Esta reacción se produce porque en algunas personas susceptibles, el sistema de alarma del cerebro y el simpático son hiperactivos.

Este tipo de reacciones sin un motivo, sin un estímulo exterior, ocasionan un deterioro en diferentes áreas de la vida de quien la padece.

Hay solución, la ansiedad puede ser tratada con psicoterapia:

Existen diferentes tipos de abordajes psicoterapéuticos (Neurofeedback, EMDR, Psicoterapia tradicional…) para trabajar la ansiedad y los diferentes tipos de trastornos de ansiedad (trastorno de ansiedad generalizada, trastorno por estrés postraumático, fobia social, fobia específica, trastorno de pánico con o sin agorafobia, trastorno obsesivo compulsivo) cuyos resultados son muy exitosos.

Según cada tipo, se utilizan técnicas específicas, para que quien sufre de una ansiedad que ha dejado de ser adaptativa y trae dificultades en su vida cotidiana, pueda recuperar su vida previa a la aparición de la misma.

No necesariamente se debe haber llegado a sufrir altos niveles de ansiedad para trabajarla con técnicas psicoterapéuticas. Existe un gran número de personas que, sin padecer un trastorno de ansiedad, sufre día a día sus efectos, muchas de las cuales encontraron alivio en la psicoterapia.

Por: Julia Achilli, licenciada en psicología y colegiada en Barcelona.

El cuidado del niño: establecer límites y aprender sobre Psicología infantil

Los límites son marcos referenciales y contenedores. Son elementos para realizar fines. Cuando ellos están, uno puede actuar y elegir.

Los límites son las coordenadas de los valores, de las creencias, de los modelos, de las maneras y de las reglas.

Para un niño, los límites se van desarrollando, los límites se van reformulando y adecuando a cada etapa evolutiva.

Con el tiempo y como efecto del aprendizaje estos límites puestos desde afuera se internalizan, se hacen propios y comienzan a funcionar como parte de la propia identidad.

Como ordenadores del comportamiento, los límites permiten reconocer qué es lo que se espera del niño. Esto le permite al niño aprender cuales son las reglas y de ese modo aprender a respetarlas. Es por este motivo que la ausencia de límites genera vulnerabilidad, escasos recursos para afrontar situaciones vitales y desprotección. La idea de que los padres sean los “jefes” parece anticuada y autoritaria, en tanto hoy en día la gente recalca la importancia de la cooperación y el consenso como claves para lograr relaciones efectivas. La palabra jefe evoca en los adultos una imagen de injusticia, de disciplina cruel y de irracionalidad. En los niños despierta un sentimiento de que “se les ve, pero no se les oye”.

Muchos padres por temor a repetir los errores de sus progenitores, demasiado estricta, han renunciado a una paternidad responsable sobre sus hijos. No quieren disciplinar a sus hijos del mismo modo en que ellos fueron educados, pero no saben qué otra cosa hacer. Temiendo cometer errores, no adoptan ninguna postura con relación al comportamiento y valores morales de sus hijos; viven con la esperanza de que llegarán a aprender por sí solos…. Y los niños acaban aprendiendo, aunque no lo que sus padres desearían. A menudo aprenden que no pueden contar con sus padres a fin de prepararse para las experiencias futuras, de modo que dependen de sí mismos. Pero con frecuencia fracasan, así que anticipan el fracaso y adoptan una actitud indolente.

Como parten de la idea de que todos los adultos tienen la misma postura que sus padres, manipulan y controlan a sus profesores y a otros adultos que tienen autoridad sobre ellos: puesto que ejercen el control o son los jefes en casa, suponen que éste es su papel en la escuela, los restaurantes o en cualquier otro lugar en la sociedad. Los niños que ejercen el control en casa se sienten infelices tanto en casa como en la escuela. Para el bienestar de los hijos, papá y mamá deberán ser los que manden. Los padres tienen la responsabilidad, ante el resto de la comunidad, de enseñar a sus hijos a comportarse, a relacionarse y a distinguir los valores morales que deben sostener.

La educación infantil tiene un doble objetivo:

Al nivel más básico, los padres protegen y crían a sus hijos de modo que éstos puedan crecer y desarrollarse bien. Aparte de ello, los padres se esfuerzan por enseñar a sus hijos a alcanzar una vida plena, productiva y feliz. La educación infantil constituye una gran empresa y, con frecuencia, las obligaciones son para toda la vida. Resulta imprudente emprender tal obligación sin comprender completamente los objetivos y los métodos. No es posible eludir sistemáticamente la toma de decisiones ni las responsabilidades respecto a otros con éxito, puesto que, al ser padres, habrá que asumir ambas cosas.

Si se piensa ser padre y se quiere enseñar al niño cómo lograr una vida productiva y feliz, se deberá tener una cierta conciencia, un cierto sentido sobre lo que funciona con cada persona y lo que no. No basta con saber cuáles son los valores que uno considera importantes. Resulta necesario enseñar estos valores y modos de conducta a los niños. Educar con disciplina a un niño permite transmitirle seguridad y protección.

¿Por qué resulta tan importante ejercer el control?

Los niños nacen con una personalidad básica, pero carecen de conocimientos; la experiencia, y en especial la experiencia de tener padres, puede realzar los rasgos positivos del carácter de los niños. Las malas experiencias pueden convertir los rasgos difíciles en conflictivos. Las buenas experiencias pueden hacer manejables los rasgos de personalidad difíciles.

Algunos niños, por ejemplo, presentan una propensión genética a poseer un alto grado de energía; son inquietos y difíciles de calmar. Luchan y se retuercen y a medida que crecen, se resisten a la disciplina. Estos niños quieren que las cosas se hagan a su manera. Exigen siempre más y lo desean con mayor rapidez que los niños con una energía más equilibrada. Estos niños con muchos energía se aburren con rapidez y sienten atracción por las emociones; los padres suelen observar estos rasgos se sus hijos a una temprana edad.

La particularidad de tener mucha energía no es algo bueno ni malo, se trata tan sólo de un aspecto de la personalidad del niño. Tener un hijo con mucha energía puede resultar positivo. No obstante, los padres deben saber cómo brindarle un entorno adecuado a fin de que éste pueda aprender a utilizar su energía adecuadamente. Resulta importante que le niño aprenda a estar contento consigo mismo y con su personalidad. Un niño con mucha energía que no haya sido bien educado puede convertirse en una persona colérica y rebelde, siempre en lucha contra la autoridad. Por otra parte, este mismo niño podría convertirse en un líder productivo y alegre, al legar a la edad adulta, de haber recibido una buena educación por parte de sus padres.

Otro ejemplo de rasgo innato, es la sensibilidad general. En su primera infancia, los niños muy sensibles reaccionan de inmediato y ruidosamente ante pequeños cambios a su alrededor. Los niños con estas características tienen tendencia a llorar con facilidad si se sienten frustrados o ligeramente perturbados. Se los llama inmaduros, pero en realidad tan sólo son más sensibles que otros niños y reaccionan con mayor dolor ante los acontecimientos que parecen no afectar a los demás. Si un niño se enfada un poco, el niño sensible sentirá una enorme tristeza. Para estos niños, el castigo suele ser abrumador. Y los pequeños fracasos o contratiempos pueden convertirse en experiencias traumáticas.

Al otro extremo de la escala se encuentran los niños que no son muy sensibles. Estos niños necesitan estímulos más enérgicos para reaccionar. Para ser eficientes en la puesta de límites, resulta importante aprender a conocer a los niños observándoles y analizando el modo como reaccionan ante su mundo.

Por: Julia Achilli, licenciada en psicología y colegiada en Barcelona.

Esclavo de la autoexigencia psicológica

La autoexigencia es la capacidad que tenemos cada uno de nosotros para exigirnos a realizar una actividad de la mejor manera posible o con el mayor esfuerzo que podamos dar. Gracias a ella ponemos empeño en lograr nuestros objetivos y llegar a nuestras metas.

Pero muchas veces ésta es excesiva y se convierte en nuestra propia cárcel, nos lleva a una constante autocrítica dura y excesiva que nos mantiene en un estado de insatisfacción y poca valoración con uno mismo, esto a su vez favorece creencias como “no podré”, “no soy lo suficientemente bueno”, y acabamos sintiéndonos frustrados, no sólo porque lo que hicimos no fue suficiente, sino por lo que nunca intentamos hacer. Pasa a ser una venda que te cubre los ojos e impide ver cuál ha sido tu progreso ya que para ti ese progreso nunca es suficiente.

Es importante saber que no se trata de una cuestión de logros, cuando se está en este estado de autoexigencia excesiva, hagamos lo que hagamos, nunca será suficiente.

Es como si siempre faltara algo, “algo” que de ser conseguido, creemos, nos proporcionaría la felicidad, aquella que se suele sacrificar día a día sumergidos en la insatisfacción de no haberlo conseguido.

¿DE DÓNDE VIENE ESTO?

Además del temperamento, la historia y contexto de cada persona, una de las causas que despierta esta conducta parecen ser los mandatos relacionados con el “deber ser” que tienen origen en nuestra infancia. Si somos muy autoexigentes, nos serán familiares las frases “debería haberlo hecho de otra manera”, “debo hacerlo bien”, entre otras. Prestar atención a nuestro dialogó interno cuando las cosas no salen como esperábamos, nos dará pistas sobre si estamos exigiéndonos demasiado.

¿EN QUÉ AFECTA A NUESTRAS VIDAS?

La ansiedad, tensión, angustia e inevitable frustración con la que se convive en estos casos provoca un deterioro en la vida laboral y afectiva de la persona, lo cual puede predisponerles a padecer un cuadro de estrés.

Por otro lado, el sentimiento de frustración nos vincula a emociones como la irritabilidad, agresividad y nerviosismo. Patologías asociadas a este tipo de emociones son la hipertensión, migrañas, colon irritable o fatiga crónica.

¿QUÉ HACER FRENTE A ESTO?

Es importante ponernos objetivos teniendo en cuenta nuestros recursos y nuestros límites. Buscar la superación está bien siempre que no se pierda el sentido de lo que hacemos.

Es importante permitirnos disfrutar del proceso más allá de los resultados, ya que en él es donde encontraremos la satisfacción en nuestro camino.

Si crees que eres muy autoexigente, esto afecta tu vida y no logras manejarlo, la psicoterapia puede ayudarte a resolverlo.

Por: Julia Achilli, licenciada en psicología y colegiada en Barcelona.

El cuidado de los bebés por sus madres

Numerosos estudios psicológicos confirman la importancia de la relación del bebé con su madre (o principales cuidadores). La calidad de este vínculo, determinará diversos aspectos del desarrollo del niño.

Los padres son los cuidadores principales, los que funcionan como un “regulador emocional en el niño”,  a partir de esta regulación que  internalizará, el bebé aprenderá a auto regularse emocionalmente.

La madre introduce modificaciones a nivel fisiológico en el recién nacido en sus cuidados cotidianos, como en el hablarle y acariciarlo.

La voz de la madre reduce la producción de la hormona del estrés, el cortisol, y aumenta la producción de la hormona de la disponibilidad y del calor humano, la oxitocina. (Seltzer, proceedings of the Royal Society, 2011).

La sensación de seguridad de base, crece en el niño a través de la experiencia de haber sido sentido y visto como alguien importante y especial para los cuidadores.

Bowlby (1944, 1973) fue el primero en reconocer la importancia de la relación de apego madre-hijo al descubrir un alto porcentaje de separaciones del apego temprano en las historias de delincuentes juveniles. En estudios posteriores, observó  los graves efectos negativos en niños pequeños de las estancias largas en los hospitales sin contacto con sus padres, incluidos superficialidad en las relaciones de los niños y niveles más altos de delincuencia mucho tiempo después de haber vuelto a vivir con los padres (Bowlby, 1973; Robertson y Bowlby, 1952).

También se ha observado la relación que existe entre ciertas características de personalidad de los padres, y la forma en la que el niño se relaciona con el ambiente.

Esto nos lleva a reflexionar, como padres,  acerca de nuestros estados emocionales y de la necesidad, muchas veces, de trabajar sobre ellos, no solo por nosotros, sino por nuestros hijos.

Actualmente diversos programas de intervención psicoterapéutica  que promueven fortalecer el vínculo entre niños y cuidadores, funcionan como una herramienta de prevención fundamental, en donde en lo que se está trabajando es, ni más ni menos, que en promover la construcción de futuras generaciones lo más saludables posible.

Por: Julia Achilli, licenciada en psicología y colegiada en Barcelona.