La dependencia a la aprobación de los otros

Los seres humanos nos caracterizamos por una fuerte dependencia a la aprobación de los otros , a un funcionamiento en “manada”. Nuestro comportamiento está fuertemente influenciado por expectativas externas: familia, grupo de pares, sociedad. 

¿Por qué dependemos de la aprobación de los otros? 

Necesitamos un grupo de pertenencia en el cual ser aceptados, y para ello estamos dispuestos a ser y hacer todo lo que se espera de nosotros, solo a cambio de ser «alguien» en algún lugar, tener un lugar ante los demás.

Algunos autores refieren que en la especie humana, en los inicios, el sentido habría sido, la conservación de la especie, ya que aislarnos nos habría dejado más expuestos a peligros externos. Por otro lado, somos la especie que más cuidados precisa y durante más tiempo por el estado de inmadurez en el que nacemos, dependemos absolutamente de un «otro» que nos permita sobrevivir. En la adustez ya no precisamos de estos cuidados, pero de manera automática, seguiríamos buscándolos.

Otros hacen mayor énfasis en una programación que queda instalada en nuestra infancia, que nos hace siempre girar en torno a la aceptación de un «otro» a partir del cual nos definimos. Primero buscamos la aceptación de nuestros padres para asegurarnos su amor, y a partir de allí, del resto de personas que pongo en un lugar de valor (parejas, pares, jefes, instituciones, etc). 

Lo cierto es, que a la hora de tomar desiciones, decidir nuestro futuro, incluso nuestra apariencia, no escapamos de la influencia de un «otro», algo externo a nosotros que marca cómo debo ser y qué debo ser para ser aceptado en la manada. 

¿Es un problema?

Para quien depende en exceso de esto, a tal punto de padecerlo conscientemente, se convierte en una fuente de sufrimiento que le lleva a cuestionarse su funcionamiento, y hasta a intentar modificarlo. 

Para quienes no lo identifican como una fuente de sufrimiento, vivir enajenados despojados de su deseo, parece no ser un problema. Pero igualmente, lo es: Si lo que haces es para ocupar un lugar en la vida del «otro», allí no estás tú, allí hay un autómata esclavo de los deseos ajenos.

Confundimos el deseo propio con lo que se nos marca desde fuera que debemos desear. Esto nos lleva a vivir en piloto automático, a sentirnos insatisfechos, muchas veces, sin entender por qué. 

Cuestiónate lo que haces, cómo vives, para quién. Cuestiónate si eres feliz, si la vida que tienes es la vida que querrías tener.  Y por último, pregúntate si lo que te  impide vivir como deseas está influenciado por lo que sientes que se espera de ti. Y si es así, prueba con vivir la vida que deseas vivir.

Por: Julia Achilli. Psicóloga Barcelona. Terapia EMDR. Neurofeedback

Publicado en Blog.

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